Mamá, por favor, aunque halla puesto esas cortinas, tiene derecho a la vida...
En fin, tras el cambio de dirección por unos pequeños problemas técnicos con la contraseña...(de qué sirve tanta seguridad a la hora de elegirlas, si entre la del las 3 cuentas de mail, las dos tarjetas, la libreta, el móvil, el buzón de voz, el blog, etc etc, luego no te acuerdas??, desde el luego, el sistema es infalible, ni siquiera tu puedes entrar).
En fin, a lo que iba, el título del post viene del pensamiento que me vino a la cabeza al ver la cara de mi señora madre el otro día.
Estabamos tomando el té (somos muy finos en mi familia, aunque luego mojemos las campurrianas en el mismo) en la nueva morada (ni a cubil llegaba, según mi madre) de una conocida de mi progenitora. La vanidosa dueña nos mostraba estancia tras estancia henchida de orgullo.
En fin, como describir esta experiencia. Una avalancha de tul nos asaltaba a cada paso intentado devorarnos. Tenías miedo de dar un paso debido a la cantidad de osos, cebras y pseudo-leones que te acechaban tras cada esquina. Había que tomar precauciones dignas de un marine para no sacarte un ojo con las cornucopias, en fin, podría seguir pero no quisiera que no volvierais a cociliar el sueño nunca más.
El panorama era aterrador amigos mios, pero el cataclismo final estaba por llegar...nos acercábamos al salón. de pronto vi a mi madre palidecer, a punto de desvancerse, y siguiendo su mirada, veo ESO.
DIOS. permitidme que me tome un respiro para recuperarme de tales recuerdos. Ante nosotros surgieron unas cortinas que tuvieron que ser sustrídas con malas artes de la mismísima alcoba de Satanás, puesto que si no, no encuentro explicación.
Avalanchas de sedas y terciopelos en colores combinados por Tamara puesta hasta las cejas de LSD. Racimos de pompones que amenazaban con sepultarte... en fin, para que seguir on esta explicación....
Cómo habreís imaginado, todo esto ha surgido de mi enorme imaginaciñon y mi increible falta de sexo (Dios se apiade del alma de Jake Gyllenhaal cuando le pille), pero tiene un propósito y este no es otro que lanza una reflexión al aire sobre donde están los límites de la Arquitecura.
Me explico, de nada vale el pasarse 4 meses jodido hasta las trancas con un proyecto, generando espacios maravillosos en tu mente e intenándolos plasmas en el papel sin que pierdan gran parte de su magia, pelearte con el constructor de turno para que deje de irse de putas para atender un poco tu proyecto y liar al cliente para que pago más del doble de lo que le habías dicho, solo porque en tu ente los suelos son de mármol...
De nada vale, si luego llega el listo de turno, te llena tu edificio de muebles cutres, de lámparas horribles que te joden tod la iluminación, lo pinta a topos verdes y naranja, con toques acebrados, pobne cortinas de cabritilla y en los baños cagaderos de pie (me parece la obra magna de Satanás).
Todo esto se resume en una reflexión: ¿dónde acaba la misión del arquitecto? ¿Hay que diseñar hasta los enchufes para tu edificio so pena de poder volverte loco sumergido en una vorágine creadora sin fin que te acabará convirtiendo en una singularidad o bien hay que encontrar u límite? Por supuesto esto es aplicable a otros campos creativos y se extiende en ambas direcciones (en este caso): Urbanismo-Arquitectura-Interiorismo.
Si existe, ¿dónde está el límite de la escala?.....
En fin, ciruelos y ciruelas, ahí queda eso....
